lunes, 2 de noviembre de 2015

AVENTURERA

                                                       BUSCANDO AVENTURAS
Su nombre es Mónica Valenzuela, mujer atrevida proveniente del estado de Durango, de una hermosa ciudad llamada Gómez Palacio, también conocida como la ex hacienda  Santa Rosa ubicada en la comarca lagunera.
Estudiante de comunicación en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla  (BUAP), hambrienta de conocer sus alrededores, las culturas y tradiciones que enriquecen  nuestro hermoso país.
Hace dos años que llegó a estudiar y sin duda alguna ha tenido un gran recorrido en diferentes áreas del estado de Puebla, ha explorado diversos pueblos y también ha conocido  diferentes usos y costumbres.
Mónica: si no te ha pasado nada, viaja para que te pase algo ya sea bueno o malo, por eso estoy acá muy lejos de mi casa, para aventurarme, conocer diversas cosas, diferentes personas.
31 de octubre del 2015, fecha en que la mayoría de los mexicanos  inician los adornos de color naranja, adornos con flor de cempasúchil, y sobre todo a poner sus altares para que sus difuntos echen  una visitada a lo que fue su hogar.
Mónica se levantó muy de mañana como a  las 8,  ya que era sábado regularmente  nunca acostumbra a despertar temprano pero esta vez sí lo hizo, según ella dice estar preparando para una fiesta que lo espera en diciembre y quiere lucir mejor figura, es por eso que se levanta a ciertas horas para ir al gimnasio.
Después de  ir hacer ejercicios, tomo cierto momento de reflexión  y pues no fue excepción decidió ir en busca de nuevos horizontes en la cual relacionaba el día de muertos, hermosa tradición que ha dejado buenos recuerdos según ella.
Para iniciar la aventura, fui cómplice de ir más allá, de ir a buscar junto con ella, aquel pueblo donde en un 14 de septiembre del año de 1968 hubo un terrible linchamiento para  cinco trabajadores de la BUAP, por parte de los pobladores de aquel lugar llamado San Miguel Canoa, muy cerca de la Malinche.
Cargamos las cámaras, tomamos nuestros abrigos y en marcha rumbo a Canoa, aquel lugar que nos despertó de curiosidad, Mónica  muy tranquila como si no le sorprendiera la aventura, toda muy relajada tal parecía que ya lo sabía todo.
El camión  inicio su trayectoria eran las 2 de la tarde,  las nubes pintadas de color gris, y un viento fresco queriendo avisar de que va a llover, pero todo el panorama fue un error, el resto del día se prestó muy bien  para ser cómplice de dicha mujer.
Llegamos al famoso lugar, muy curioso con los habitantes, demostrando su tradición ancestral, pero ya nosotros con idea sembrada de lo que ocurrió aquel mes de septiembre del 68.
Todo fue muy extraño con la norteña, esta vez no saco su cámara, anduvo callada observando y después de 5 minutos abrió la boca para decir que tiene hambre y que quería comer, el detalle que casi no había variedad de platillos. Recorrimos el mercado, un mercado lleno de humo del incienso y copal, frutas tradicionales, y trastes de barro artesanal.
Después de buscar comida, logramos encontrar una choza donde vendían carnitas de cerdo, sin pensar pues pedimos para satisfacer nuestro paladar, y así empezó el recorrido junto con aquella dama aventurera.
Mónica: no es de lo que yo esperaba pero es bueno conocer, a hora  ya sé dónde es Canoa. Muchas personas se dedican visitando lugares muy bonitos, pueblos mágicos etc. Pero muy pocas se dan la tarea como esta señorita, de conocer de lo bonito y lo feo de los pueblos y lugares, y sobre todo de aprender analizar una cruda realidad que actualmente se vive en el sistema político mexicano.
Fue extraño de lo que se esperaba ya que por lo menos se tenía en mente de ver elaborados los altares de aquellas personas que murieron linchadas, pero fue la excepción  de todo lo que se esperaba , lo que se puedo ver  fueron las tumbas enfrente de la iglesia estaban adornadas de flores y unas que otras con una cruz.
Ya casi estaba a punto de abrirse el telón de la noche y lo viable fue regresarse a la capital poblana, directamente rumbo al panteón municipal esperando encontrar un evento extra normal, pero pues al estar ahí  nos notificaron que había un cierto precio de entrada y es por eso que Mónica decidió descansar para la mañana siguiente en busca de otra nueva experiencia.
Domingo 1 de noviembre, una mañana muy fría un poco nublado, pero al igual que el día anterior, solo es para causar intimidad, pero la muchacha aventurera nada eso se lo iba a impedir de ir a otro lugar.
Un lugar que no nunca había escuchado, un lugar que fue investigado por internet y tomar la decisión de irlo a conocer y nuevamente fui participe de sus locuras

El pueblo  se llama Acajete, un lugar al igual que  Canoa, está muy cerca de la Malinche, el viaje estuvo muy largo, el camión se tardó  una hora y media mientras tanto nuevamente la chica aventurera, estuvo muy tranquila sin ninguna exaltación en el rostro. Pero qué mujer tan extraña y rara, tal parece que nada le importa, solo quiere perderse por la vida y vivir el momento, a lo mejor nosotros le llamamos egoísmo pero ella lo llama amarse con uno mismo, dejarse consentirse  por aquellos paisajes del camino y despeinarse por aquel viento que viaja igual que ella.
Llegamos al pueblo, el tianguis lleno de tradición y cultura, gente de diferentes lugares vendiendo sus productos, mientras tanto otras personas comprando. 
Es un  día que se debe de disfrutar  pero los cohetes no me dejan deleitarme de este pueblo, de ver sabido  hubiera elegido otro rumbo, pero así es la aventura no se debe de quejarse: Mónica.
Directamente lo primero que se dejó observar fue el parque del pueblo, mas enfrente la iglesia católica, donde no se corrió con mucha suerte pues se encontraba cerrado.
Mónica se le ocurre la idea de visitar los panteones, pero no sabías como llegar, fue entonces que me ofrecí ante ella para preguntarle a la gente en donde quedaba el campo santo.
Después de tener la dirección fuimos rumbo al cementerio, cuando llegamos fue muy solitario ya que no se encontraba gente, logramos ver solo 5 personas en la cual visitaron a sus difuntos.
La mujer duranguense saco su cámara para fotografiar ciertos lugares, y después de todo decide marcharse de aquel lugar con una cierta realidad. Al observar que había panteones abandonados sin ninguna flor comento lo siguiente: Nunca esperes flores en tu panteón si en vida no recibiste nada.






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